
A veces ocurre que tenemos que arrancar un azulejo, pero tenemos que hacerlo sin estropear los de al lado. Y no es fácil cuando los azulejos están bien agarrados a la pared y las juntas están bien enlechadas. En tal caso hay que empezar a romper el azulejo por el centro.
Con un cincel y un martillo se golpea en el centro del azulejo hasta lograr abrir un agujero en el mismo y que se vea el mortero que hay debajo.
A continuación se golpea entre el azulejo y el mortero con el cincel oblicuo, en dirección hacia los bordes del azulejo hasta que se note que se despega un poco el azulejo del mortero, pero sin intentar arrancarlo del todo. El trozo que se supone despegado se golpea con el martillo para romperlo y que caiga. Así se va haciendo poco a poco, desde el centro hacia el exterior del azulejo en todas direcciones.
Cuando ya queda poco para llegar al borde, hay que golpear el azulejo con el cincel y el martillo de frente, nunca en oblicuo, hasta que caiga del todo. Hay que hacerlo con mucho tacto para no estropear el azulejo de al lado. Hay que tener especial cuidado en las esquinas, pues es muy probable que estén huecos y no tengan mortero debajo; si la lechada está bien cogida, al golpear de frente para romper el último pedazo, se pueden romper también los azulejos de al lado.
