
Hola hijo, en verdad no sé si es tarde para confesar todas aquellas partes de tu adolescencia que no supe entender en su momento. Igual mis palabras tan solo te produzcan indiferencia, además de un profundo vacio emocional que espero que repares cuanto antes. A mí no me queda mucho tiempo y debo irme tranquilo sin temor a perderme por el camino. Como hace tiempo que no te veo tan solo puedo escribirte por carta lo que siento, para que tu al menos siempre puedas marcharte con tranquilidad…tu padre te quiso y siempre te querrá.
Creciste muy rápido…y cuando apenas quise darme cuenta ya eras todo un hombrecito de 12 años donde comenzaba para ti una nueva etapa de grandes cambios físicos, psicológicos y sexuales que los valoré siempre a modo de desprecios.
Al comienzo de tu pubertad no le di la importancia que se merecía a tu cambio de tono de voz, ya no eras aquel niño inocente que me pedía dinero para juguetes o un poco de atención. Estaba delante de un ser que ya pensaba por sí mismo.
Tu cuerpo empezó a cambiar potenciándose más tu musculatura y tu masa ósea. El pelo dio su bienvenida en todo tu cuerpo para no dejarte marchar y anidar en tu piel para sentirse seguro. Jamás te dediqué la suficiente atención para darte una charla sobre sexualidad, donde te hubiera hablado de chicas y como debías comportante con ellas. No era un buen ejemplo para ti, yo no respetaba a tu madre como ella a mí… al igual que contigo no le presté la atención que merecía por haber dedicado toda su vida a mí… Ahora está aquí a mi lado, junto a mí, pero todo es distinto porque su mundo ha desaparecido para ella. Ha olvidado quien soy y apenas me mira. La enfermedad se la está comiendo por dentro.
Entre las muchas cosas que no acepté fue tu sexualidad, hoy en día entiendo que te puedan gustar los hombres… son personas como nosotros y si eres feliz yo también lo seré siempre. He perdido años de felicidad por creer que estabas actuando mal. Ahora puedo decir que estoy un poco más alegre porque te he entendido o al menos he hecho el esfuerzo por entenderte. No me has podido dar un nieto carnal pero seguro que tu corazón estará plagado de amor como el mío en este momento. Cuanto tiempo perdido por no ver la naturalidad como realmente es, libre y muy diversa. Los reproches, coacciones, vergüenzas, miedos… no entran dentro de ella. Quizás yo he sido un cobarde por no afrontarlo a tiempo, era más fácil posicionarse donde se encontraba la mayoría.
Los años pasaron para ambos y siempre me escudé con que la adolescencia era así, sin apenas comunicación con los hijos, con discusiones persistentes. Tu madre ahí donde la ves, ha sufrido mucho por todo esto y siempre ha confiado mucho en ti. Aunque ahora no pueda reconocerte se que ella te mira con los ojos de una madre. Te echamos de menos hijo…jamás debías haberte marchado sin avisar, aunque hoy entiendo que nuestras diferencias se hicieron un tanto insoportables para la convivencia.
Me arraigue a los mitos de la sociedad para evitar pensar si hacía lo correcto. Fue más fácil eso que preocuparme por hablar contigo y ver que te sucedía…que pasaba por tu mente y sobre todo si eras feliz. Nunca entenderé porque actué así, con mi propio hijo, con la alegría que me diste cuando naciste y pude tocar tus pequeñitos dedos. Me emociono al recordarlo.
Ha tenido que pasar el tiempo para que me dé cuenta de todo esto, pero como te dije al principio, hijo, mi tiempo se acaba, la vida ha decidido que va llegando mi momento. Poseo un cáncer terminal en el cerebro y pronto empezaré a no coordinar mis movimientos, a no saber hablar y tantas otras cosas que me duele pensarlas y mucho más escribirlas.
En estos momentos tan solo pido a Dios que pueda volver a verte, te necesito tanto hijo mío, que muero más deprisa si tú no estás.
Ahora mismo miro a tu madre que está al lado de mi cama… veo sus ojos brillar… ¡¡¡no es posible!!!… ¡¡¡hijo mío estas aquí!!!.
CONTINUARÁ…

Es una carta sorprendente. A mi personalmente me ha puesto los pelos de punta, y como no he soltado alguna lagrimilla.