
Ante el avance biotécnológico los consumidores se encuentran, en su mayoría, desconcertados y con un gran desconocimiento de la materia. Por ello sería razonable que se respetaran sus derechos básicos como el de ser informados acerca de porqué y cómo se producen estos alimentos, a tener la garantía de unos controles eficaces por parte de entidades oficiales independientes, y a ser libres de poder elegir entre alimentos que hayan sido o no modificados genéticamente; en definitiva , “el derecho a saber y libertad de elección”.
En este sentido, se viene reclamando desde distintos sectores de la sociedad el diseño de un sistema de etiquetado de los alimentos transgénicos que sea obligatorio, fácil de entender y que cubra todos los productos transgénicos y sus derivados, permitiendo respetar el derecho de cada persona a elegir qué tipo de alimento quiere comprar, bien por motivos éticos, religiosos, razones de salud o de otra índole. Sólo de esta manera se respetaría, por ejemplo, el derecho de los vegetarianos a no consumir vegetales que lleven incorporados genes de animales o el derecho de judíos y musulmanes a no consumir ningún producto que lleve genes de ganado porcino, en contra de sus creencias en ambos casos; y sobre todo por razones de salud, como en los casos de posible aparición de alergias. Por ejemplo, unas fresas que han mejorado su resistencia a las heladas incorporando un gen de peces que vive en aguas árticas a bajas temperaturas. Las personas alérgicas al pescado podrían sufrir una crisis alérgica al ingerir dicha fruta.
Pero ¿Podemos saber si un producto contiene o no una modificación genética con precisión? En ocasiones no es fácil averiguarlo, lo que dificulta la posibilidad de etiquetación. Podría ocurrir que una parcela sembrada con plantas transgénicas contamine con su polen a otras parcelas vecinas no transgénicas del mismo o de otro cultivo (pues nada se ha legislado respecto a medidas de aislamiento tales como distancias, barreras naturales etc.)
Hemos de saber que, recientemente, en Barcelona, se ha creado un laboratorio que certifica la existencia o no de alimentos modificados genéticamente sometidos a ensayos debidamente homologados. Este certificado de garantía podría ser una solución si se impusiera como trámite obligatorio para la etiquetación de alimentos que contengan algún ingrediente cuya variedad transgénica haya sido autorizada por la UE.
