
Los antiguos romanos tenían la costumbre de comer lechuga por la noche, para favorecer el sueño después de una copiosa cena. Actualmente también recomendamos tomar lechuga por la noche a los estresados habitantes de las ciudades modernas, pero no después, sino en vez de una copiosa cena.
Lo ideal para quienes precisan de la acción sedante de la lechuga, o para aquellos que buscan un remedio contra la obesidad, es consumirla como primer o único plato de la cena. De esta forma se obtiene el máximo provecho de su suave efecto sedante y de su capacidad para producir sensación de saciedad en el estómago.
La lechuga es muy rico en agua (94,9%).Sin embargo sorprende por aportar proteínas (1,62%).La lechuga es pobre en hidratos de carbono(0,67%) y en grasas (0,2%), lo cual explica su bajo aporte energético (16 Kcal./100g).La lechuga contiene los siguientes componentes:
Provitamina A, vitaminas del grupo B, vitamina C, minerales (destaca por su contenido en potasio, hierro, calcio, fósforo y magnesio), fibra vegetal, sustancias de acción sedante y somnífera(son similares químicamente a las que forman el opio pero careciendo por completo de toxicidad y de efecto adictivo). Debido a esta composición la lechuga tiene estas indicaciones:
Trastornos funcionales del sistema nervioso: como nerviosismo, estrés, tensión psíquica o ansiedad.
Insomnio: Para ello se recomienda tomar por la noche.
Trastornos digestivos: Tomada antes de la comida, la lechuga tonifica el estómago y facilita la digestión.
Estreñimiento: Facilita el tránsito intestinal por su contenido en fibra y su buena digestibilidad.
Obesidad: Produce sensación de saciedad aportando pocas calorías.
Diabetes: La lechuga es uno de los alimentos más pobres en hidratos de carbono, de modo que los diabéticos pueden consumirla sin más límite que su apetito.
